{"id":548,"date":"2014-01-27T16:33:19","date_gmt":"2014-01-27T16:33:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.javieresteban.info\/encuentrosconlosutil\/?p=548"},"modified":"2014-02-18T18:07:25","modified_gmt":"2014-02-18T18:07:25","slug":"padre-hijo-una-relacion-hurtada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/?p=548","title":{"rendered":"PADRE-HIJO: UNA RELACI\u00d3N HURTADA"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: left;\"><strong>Encuentros con lo sutil#9<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Por Javier Esteban<\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em> Cualquier var\u00f3n adulto que se pare a pensar y reflexionar sobre qui\u00e9n era o es su padre, qu\u00e9 sentimientos anidan en esa relaci\u00f3n, qu\u00e9 ha significado ser hijo (entonces, en la infancia, y ahora)\u2026 se ver\u00e1 seguramente desbordado por multitud de im\u00e1genes y sentimientos contradictorios. Una verdadera removida: puedes hacer la prueba.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><em>Hace tiempo que vengo tirando de ese hilo y la madeja no deja de moverse. Algunas cosas se me han aclarado, otras se difuminan, hay dolores antiguos que se han disuelto y rencores que se resisten a desaparecer; tambi\u00e9n comprensiones reveladoras y sentimientos de amor que se han ido decantando y haciendo poso. Especialmente desde que mi padre muri\u00f3 (hace ahora seis a\u00f1os), o m\u00e1s bien antes, conforme me fui adentrando en la cuarentena.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\">Paco Pe\u00f1arrubia.<\/p>\n<p><strong>El pr\u00f3ximo d\u00eda 16 de Mayo, jueves, a las 19.30 horas<\/strong>, tenemos la ocasi\u00f3n de asistir a la conferencia del psic\u00f3logo y terapeuta gest\u00e1ltico Paco Pe\u00f1arrubia, <em>Padre- hijo: la relaci\u00f3n hurtada.<\/em> Nos acompa\u00f1ara, el director de Conde Duque, Juan Jos\u00e9 Herrera de la Muela.<\/p>\n<p>En el \u00e1mbito de la psicoterapia &#8211; explica nuestro invitado- se sabe que en nuestra cultura \u201csobra\u201d madre y falta padre. Su ausencia se rellena con fantasmas. El hijo var\u00f3n suple como puede este hueco (de modelo, de v\u00ednculo, de identificaci\u00f3n) con no pocos costes psicoemocionales&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong>Paco Pe\u00f1arrubia<\/strong> es psic\u00f3logo por la Universidad Complutense de Madrid. Uno de los introductores de la Gestalt en Espa\u00f1a, cofundador, primer presidente (1982-87) y Miembro de Honor de la Asociaci\u00f3n Espa\u00f1ola de Terapia Gestalt. Disc\u00edpulo de Ignacio Mart\u00edn Poyo y Claudio Naranjo. Ex-director de CIPARH, centro pionero de la Psicolog\u00eda Humanista en Espa\u00f1a (1977-2007) y director de la Escuela Madrile\u00f1a de Terapia Gestalt.<\/p>\n<p>Es autor de multitud de art\u00edculos y ponencias, as\u00ed como del libro \u201cTerapia gestalt, la v\u00eda del vac\u00edo f\u00e9rtil\u201d (1998).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img title=\"Paco Pe\u00f1arrubia. Encuentros con lo sutil #9\" alt=\"Paco Pe\u00f1arrubia. Encuentros con lo sutil #9\" src=\"http:\/\/tkt-public.s3.amazonaws.com\/images\/M_EVENT_IMAGE\/61\/49\/20\/61492_description_PEARRUBIA.jpg\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><b>LA ADMIRACI\u00d3N<\/b><b> Y<\/b><b> EL AMOR VENERATIVO<\/b><\/em><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">Por Paco Pe\u00f1arrubia<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El azar generoso me trae a las manos dos libros que ahondan conmovedoramente en la indagaci\u00f3n filial del padre.<\/p>\n<p>Ambos comparten, por caminos opuestos, una admiraci\u00f3n confesa o conquistada hacia el padre idealizado, ilustrando eso que Claudio Naranjo denomina \u201camor venerativo\u201d, el amor atribu\u00eddo al padre, al maestro, a dios o a los dioses:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c<i>El amor materno es generoso y compasivo. El amor filial se reconoce en la b\u00fasqueda elemental del placer y en la libre orientaci\u00f3n hacia la felicidad\u2026 El amor paterno se expresa a trav\u00e9s del respeto, la admiraci\u00f3n y la devoci\u00f3n<\/i>\u201d<a title=\"\" href=\"#_ftn1\">[1]<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El primer libro, <em>Tiempo de vida <\/em><a title=\"\" href=\"#_ftn2\">[2]<\/a>, son las memorias de Marcos Giralt Torrente en relaci\u00f3n con su padre, el pintor Juan Giralt, fallecido en febrero de 2007.<\/p>\n<p>El segundo libro, <em>El olvido que seremos<\/em> <a title=\"\" href=\"#_ftn3\">[3]<\/a> del colombiano H\u00e9ctor Abad Faciolince, narra el v\u00ednculo con su padre, el l\u00edder acad\u00e9mico-pol\u00edtico H\u00e9ctor Abad G\u00f3mez, asesinado en agosto de 1987 por las fuerzas reaccionarias paramilitares, en atentado jam\u00e1s esclarecido judicialmente.<\/p>\n<p>Ambos autores o son hijo \u00fanico (Giralt) o el \u00fanico var\u00f3n (Abad), depositarios de expectativas especiales y con el peso a\u00f1adido, sobre sus hombros, del prestigio del padre con el que comparten apellido e incluso nombre. Ambos, adem\u00e1s, con profesiones art\u00edsticas que los hacen m\u00e1s susceptibles de comparaciones p\u00fablicas con la figura paterna. Marcos Giralt a\u00f1ora una profesi\u00f3n diferente, <i>\u201cuna profesi\u00f3n de verdad, no esta irresponsable prolongaci\u00f3n de la infancia en que consisten los oficios art\u00edsticos<\/i>\u201d (pag. 100); si esto es cierto, pod\u00edamos pensar que las vocaciones u oficios art\u00edsticos perpetuar\u00edan la relaci\u00f3n adolescente con el padre y con el mundo, una especie de miedo a crecer y a superar el modelo paterno o a fracasar en el intento.<\/p>\n<p>Ambos relatos son textos de duelo y celebraci\u00f3n. El duelo como un proceso ag\u00f3nico de muerte y transformaci\u00f3n que supone masticar y escupir, desintoxicarse para nutrirse, cerrar un ciclo de conocimiento, poder hacer las paces consigo y con el progenitor. \u201c<i>Un duelo es una cosa extra\u00f1a<\/i>\u201d, (dice Giralt -pag. 14-) \u201c<i>un duelo se siente una vez que ha quedado atr\u00e1s. Un duelo te aisla incluso de t\u00ed mismo<\/i>\u201d.<\/p>\n<p>La diferencia b\u00e1sica entre ambos relatos es el nivel de presencia del padre. H\u00e9ctor Abad Faciolince disfrut\u00f3 de una relaci\u00f3n estrecha y amorosa con un padre apoyador que conf\u00eda ciegamente en el hijo y le transmite esa seguridad a nivel casi f\u00edsico, por eso su p\u00e9rdida en circunstancias tan dram\u00e1ticas fija la idealizaci\u00f3n de su figura.<\/p>\n<p>En el caso de Marcos Giralt Torrente, el divorcio de sus padres hace que empiece a perderlo en torno a los siete a\u00f1os. La vivencia de abandono, al principio tamizada por la madre, se va convirtiendo en conciencia de p\u00e9rdida y en rencor m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>El proceso es inverso: del cari\u00f1o y la idealizaci\u00f3n, a la ausencia, duelo y reconocimiento (Abad) ; o del abandono y el resentimiento, el encuentro y la admiraci\u00f3n (Giralt). En ambos casos el amor filial ha de madurar, atravesando lo que Claudio Naranjo se\u00f1ala como patolog\u00eda de los v\u00ednculos actuales con los padres: dependencia idealizada, obediencia compulsiva y resentimiento<a title=\"\" href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter\" id=\"irc_mi\" alt=\"\" src=\"http:\/\/3.bp.blogspot.com\/_RBH8RqYDX90\/TNG3v8P4qEI\/AAAAAAAAAM4\/wl35hwxRapA\/s1600\/Tiempo+de+vida+portada.jpg\" width=\"295\" height=\"464\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Empecemos por M. Giralt Torrente. Alude al taller del padre como el para\u00edso de su infancia (\u201c<i>el mejor cuarto de juegos que tuve en mi infancia fue su estudio de pintor<\/i>\u201d -pag. 139-) del que ser\u00e1 expulsado muy pronto. La p\u00e9rdida de ese espacio y de esa presencia es vivida como un desmantelamiento emocional y material: \u201c<i>mi padre se ausenta cada vez m\u00e1s, por temporadas desaparece por completo de mi vida cotidiana, pero conserva su estudio en casa\u2026 hasta que al cabo de unos meses regres\u00f3 y se llev\u00f3 el caballete, las cajas de pinturas, los l\u00e1pices, los aerosoles\u2026 y el que hab\u00eda sido su estudio pas\u00f3 a ser mi inmenso cuarto de privilegiado hijo \u00fanico<\/i>\u201d (pag. 22-23)<\/p>\n<p>Triste manera de vivir \u201cel edipo\u201d, eso que Freud defini\u00f3 como impulso universal al parricidio para ocupar el lugar del padre, aunque aqu\u00ed convendr\u00eda mejor el concepto de \u201cinfanticidio\u201d seg\u00fan Pichon Rivi\u00e8re: las frecuentes, y tambi\u00e9n universales, maneras de da\u00f1ar los padres a los hijos.<\/p>\n<p>A lo largo de la adolescencia y juventud, esta vivencia de abandono se va convirtiendo en rencor y culpabilizaci\u00f3n, acusando al padre de todo: \u201c<i>de no verme lo suficiente, de no acordarse de mi cumplea\u00f1os, de no hacerme regalos, de desaparecer cuando sabe que las cosas a mi madre y a m\u00ed nos van mal, de veranear y viajar cuando yo no veraneo ni viajo, de incumplir sus promesas, de considerar que tiene m\u00e1s razones para quejarse que yo\u2026<\/i>\u201d (pag. 64)<\/p>\n<p>Hay una cierta conciencia de que esta forma de pensar es interesada: el padre le sirve al hijo para rebelarse, para construirse en su contra. Pero es la enfermedad del padre (un c\u00e1ncer irreversible) la que desencadena un vuelco en el hijo: empezar a admitir su dependencia (:\u201d<i>lo \u00fanico que quer\u00eda era tener m\u00e1s de \u00e9l, estar m\u00e1s con \u00e9l<\/i>\u201d. pag. 141), reconocer su admiraci\u00f3n (\u201c<i>quer\u00eda aprender, parecerme a \u00e9l, emularlo, imitarlo<\/i>\u201d. pag. 143. \u201c<i>Su escasa fortuna o \u00e9xito no socavaba su prestigio ante m\u00ed, sino que le otorgaba un aura de rom\u00e1ntico malditismo<\/i>\u201d. pag. 73), y sobre todo rendirse a la situaci\u00f3n de que ahora es el hijo el adulto s\u00f3lido (\u201c<i>Tengo la sensaci\u00f3n de que, por fin, \u00e9l ha bajado la guardia\u2026 Desde entonces, sin darme cuenta, me convierto en su padre y \u00e9l en mi hijo. Nadie sabe lo que nos deparar\u00e1 el futuro, pero mientras se sienta d\u00e9bil y enfermo, buscar\u00e1 mi protecci\u00f3n<\/i>\u201d -pag. 112-).<\/p>\n<p>Comienza una relaci\u00f3n de intimidad f\u00edsica y un proceso de perd\u00f3n interior. El hijo se abre a la comprensi\u00f3n: \u201c<i>Nos atascamos porque ni \u00e9l ten\u00eda aguante para atarse a m\u00ed ni yo ten\u00eda coraje para soltarme. Porque no \u00e9ramos iguales ni demasiado diferentes. Porque ambos cre\u00edamos merecer m\u00e1s de lo que ten\u00edamos. Porque \u00e9l no supo crecer ni yo tampoco. Nos atascamos porque compart\u00edamos a mi madre, un recuerdo que tal vez \u00e9l habr\u00eda querido remoto de no haber estado yo\u2026 Le hice acreedor de una deuda que quise cobrarme cuando ya hab\u00eda expirado. Nos atascamos porque las grandes ense\u00f1anzas de la vida a menudo llegan demasiado tarde<\/i>\u201d (pag. 156).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Acompa\u00f1ar al padre en los \u00faltimos a\u00f1os de su enfermedad ayuda al hijo a cerrar la herida, puesto que \u201c<i>mantener la herida puede ser rentable desde un punto de vista art\u00edstico. Pero s\u00f3lo los muy fuertes, o quienes han recibido un gran da\u00f1o, aguantan toda la vida con ella abierta<\/i>\u201d (pag. 193). Marcos Giralt apuesta por la curaci\u00f3n a trav\u00e9s del perd\u00f3n:<\/p>\n<p>\u201c<i>Lo que todos los padres quieren o\u00edr alguna vez de boca de sus hijos es que los errores no cuentan, que las intenciones eran buenas y que simplemente les sorprendi\u00f3 el tiempo<\/i>\u201d (pag. 195).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter\" id=\"irc_mi\" alt=\"\" src=\"http:\/\/2.bp.blogspot.com\/-vhii-7YhWHI\/TyRWe1VWvtI\/AAAAAAAAAXY\/jQEv9LuTvys\/s1600\/Elolvidoqueseremos.jpg\" width=\"239\" height=\"364\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El caso de H\u00e9ctor Abad Faciolince es opuesto y complementario puesto que el v\u00ednculo con su padre se nutre de una cercan\u00eda f\u00edsica y emocional bastante poco frecuente en su medio:<\/p>\n<p>\u201c<i>Mi pap\u00e1 y yo ten\u00edamos un afecto mutuo (y f\u00edsico, adem\u00e1s) que para muchos de nuestros allegados era un esc\u00e1ndalo que limitaba con la enfermedad. Algunos parientes dec\u00edan que mi pap\u00e1 me iba a volver marica de tanto consentirme\u2026.<\/i>\u201d (pag. 33) \u201c<i>Me felicitaba por mis primeras letras con un gran beso en la mejilla, al lado de la oreja. Besos grandes y sonoros que aturd\u00edan y se quedaban retumbando en el t\u00edmpano, como un recuerdo doloroso y feliz, durante mucho tiempo<\/i>\u201d (pag. 20)<\/p>\n<p>Semejante vivencia amorosa viene incrementada por la admiraci\u00f3n sin l\u00edmite hacia un padre de ideas progresistas irrenunciables, sumamente tolerante con su entorno pero defensor a ultranza de sus principios aunque eso le complicara peri\u00f3dicamente su vida. Se convierte as\u00ed en un modelo de apertura, de forma que el hijo puede contrastar la educaci\u00f3n recibida (religiosa y burguesa, como corresponde a su clase social), con los libros, charlas y reflexiones que su padre le transmite y fomenta, al servicio de desarrollar un criterio propio y libre.<\/p>\n<p>Es claramente un padre educador en el sentido humanista del t\u00e9rmino, cuya transmisi\u00f3n de valores es m\u00e1s por contagio actitudinal que por traspaso de introyectos. El padre es una figura realmente admirable en la Colombia de la \u00e9poca: m\u00e9dico comprometido en proyectos de salud p\u00fablica, profesor universitario capaz de renunciar a su c\u00e1tedra al percibir presiones pol\u00edticas y crear por el contrario una Escuela de Salud P\u00fablica revolucionaria o pasar largas temporadas en pa\u00edses subdesarrollados como consultor de la OMS y como exilio enmascarado cada vez que arreciaban las persecuciones reaccionarias.<\/p>\n<p>A los ojos del hijo, este padre \u201c<i>ten\u00eda los m\u00e1s grandes arranques de idealismo, que le duraban a\u00f1os dedicados a causas perdidas, como la reforma agraria o los impuestos a la tierra, como el agua potable para todos, la vacunaci\u00f3n universal o los derechos humanos, que fue su \u00faltimo arrebato de pasi\u00f3n intelectual y el que le llev\u00f3 al sacrificio<\/i>\u201d (pag. 118).<\/p>\n<p>Sin embargo la admiraci\u00f3n confesa del hijo no es tanto ideol\u00f3gica como psico-emocional, basada en la confianza incuestionable que el padre le demuestra, por encima incluso de la autoestima (baja) del hijo:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u201c<i>Lo que yo sent\u00eda con m\u00e1s fuerza era que mi pap\u00e1 confiaba en m\u00ed sin importar lo que yo hiciera, y tambi\u00e9n que depositaba en m\u00ed grandes esperanzas (aunque siempre corr\u00eda a asegurarme que no era necesario que yo lograra nada en la vida, que mi sola existencia era suficiente para su felicidad). Esto significaba, por un lado, una cierta carga de responsabilidad, un peso, pero un peso dulce, no era una carga excesiva\u2026 Nunca, ni cuando cambi\u00e9 cuatro veces de carrera, ni cuando me expulsaron de la universidad, ni cuando estuve desempleado teniendo ya una hija que mantener, ni cuando me fui a vivir con mi primera mujer sin casarme, nunca o\u00ed censuras ni reclamos de su parte, siempre la m\u00e1s tolerante y abierta aceptaci\u00f3n de mi vida y mi independencia<\/i>\u201d (pag. 141).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Para el concepto de padre que generalmente tenemos, este modelo es, como poco, provocador y desconcertante: \u00bfes que no son imprescindibles la gu\u00eda y los l\u00edmites?, \u00bfqu\u00e9 pinta entonces la figura del padre?, \u00bfno ser\u00e1 una indiferencia disfrazada de libertad y tolerancia?, y tantas otras preguntas que puede alimentar el miedo a la autonom\u00eda o la desconfianza en la auto-regulaci\u00f3n. A la postre, para el hijo tambi\u00e9n es imprescindible el cuestionamiento y separaci\u00f3n de una figura tan benevolente y sin fisuras, tan idealizada y amada:<\/p>\n<p>\u201c<i>Un pap\u00e1 tan perfecto puede llegar a ser insoportable. Aunque todo lo que hagas le parezca bien, llega un momento en que, por un confuso y demencial proceso mental, quieres que ese dios ideal ya no est\u00e9 all\u00ed para decirte siempre que s\u00ed\u2026 En ese final de la adolescencia uno no necesita un aliado sino un antagonista. Pero era imposible pelear con mi pap\u00e1, as\u00ed que la \u00fanica forma de enfrentarme a \u00e9l era haci\u00e9ndole desaparecer, as\u00ed muriera yo en el intento<\/i>\u201d (pag. 196).<\/p>\n<p>Un intento que a punto estuvo de cumplirse a trav\u00e9s de un accidente automovil\u00edstico por exceso de velocidad, pero fueron los paramilitares quienes, unos a\u00f1os m\u00e1s tarde, asesinaron al doctor Abad.<\/p>\n<p>Lo que sigui\u00f3 fue dolor, impotencia, exilio en Europa, y un largo duelo que concluy\u00f3 con la escritura de este libro:<\/p>\n<p>\u201c<i>Guard\u00e9 en secreto, durante muchos a\u00f1os, esa camisa ensangrentada, con unos grumos que se ennegrecieron y tostaron con el tiempo. No s\u00e9 porqu\u00e9 la guardaba\u2026 como un acicate para la memoria, como una promesa de que ten\u00eda que vengar su muerte. Al escribir este libro la quem\u00e9 tambi\u00e9n pues entend\u00ed que la \u00fanica venganza, el \u00fanico recuerdo y tambi\u00e9n la \u00fanica posibilidad de olvido y de perd\u00f3n consist\u00eda en contar lo que pas\u00f3 y nada m\u00e1s<\/i>\u201d. pag. 225).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ese proceso dur\u00f3 20 a\u00f1os. A diferencia del fantasma del padre de Hamlet que exige, en sue\u00f1os, venganza: \u201c<i>mi pap\u00e1 siempre nos ense\u00f1\u00f3 a evitar la venganza. Las pocas veces que he so\u00f1ado con \u00e9l\u2026 nuestras conversaciones han sido m\u00e1s pl\u00e1cidas que angustiadas, y en todo caso llenas de ese cari\u00f1o f\u00edsico que siempre nos tuvimos. No hemos so\u00f1ado el uno con el otro para pedir venganza, sino para abrazarnos<\/i>\u201d (pag. 254).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter\" id=\"irc_mi\" alt=\"\" src=\"http:\/\/multimedia.fnac.com\/multimedia\/ES\/images_produits\/ES\/ZoomPE\/5\/7\/7\/9788495496775.jpg\" width=\"238\" height=\"349\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Desde hace a\u00f1os Claudio Naranjo viene trasmitiendo la concepci\u00f3n de su maestro, Totila Albert, del ser humano tricerebrado que necesita integrar estos tres amores en su b\u00fasqueda de la unidad. El aspecto instintivo (en referencia al cerebro primitivo tambi\u00e9n llamado reptiliano) corresponde al esp\u00edritu libertario del hijo, a su entrega al impulso y al placer, a aquello que los griegos sabiamente personalizaron en el dios Dionisios. El cerebro l\u00edmbico (que compartimos todos los mam\u00edferos) corresponde al amor compasivo materno, ese esp\u00edritu misericordioso que el cristianismo personifica en Mar\u00eda. El cerebro cognitivo (neoc\u00f3rtex), identificado con el amor paterno, no se refiere tanto a la figura del dios patriarcal b\u00edblico, sino que lo representar\u00eda mejor el esp\u00edritu del buda, pac\u00edfico y omnicomprensivo. Este amor de respeto y veneraci\u00f3n a los valores completa el amor caritativo materno y el amor instintivo filial, en pos de la armon\u00eda de esta trinidad psicoespiritual.<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n padre-hijo que estamos enfocando podemos preguntarnos c\u00f3mo desarrollar este amor admirativo cuando adolecemos tanto de la figura paterna. Sin este catalizador parece m\u00e1s complicado encontrar la puerta que nos abra a los valores, a los maestros, y a respetar el conocimiento de quienes nos precedieron.<\/p>\n<p>Los dos libros aqu\u00ed comentados pueden servir de testimonio de esta dificultad y de su transformaci\u00f3n. Tanto Giralt Torrente como Abad Faciolince rinden un homenaje a la memoria del padre, pero sobre todo ilustran honestamente el proceso de reconstrucci\u00f3n interna de este amor admirativo que devuelve respeto y reverencia a donde hubo carencia o sobreabundancia, dos caras de la misma moneda, dos caminos en la traves\u00eda del no-ser.<\/p>\n<p>A la vez lo reconocemos como un proceso terap\u00e9utico de maduraci\u00f3n personal que permite desapegarse del rol de hijo para asumir la propia paternidad adulta. Marcos Giralt acaba en este sentido su relato: \u201c<i>En los primeros d\u00edas de Septiembre de 2008 supe que ser\u00eda padre a finales del pr\u00f3ximo mayo. Apenas queda ya mes y medio. La vida no se detiene\u2026 Pienso en mi hijo a\u00fan no nacido, que llevar\u00e1 su nombre, y me pregunto en qu\u00e9 lo condicionar\u00e9, en qu\u00e9 le fallar\u00e9, qu\u00e9 deber\u00e9 perdonarle yo y qu\u00e9 deber\u00e1 perdonarme \u00e9l\u2026 qu\u00e9 recordar\u00e1 de m\u00ed con nostalgia. Me gustar\u00eda conservar algo de lo mejor de mi padre para que le llegue a trav\u00e9s de m\u00ed<\/i>\u201d (pag. 200).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div><\/div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> Naranjo, C.: \u201cSanar la civilizaci\u00f3n\u201d. Edit. La Llave. Vitoria 2009. Pag. 178.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> Gitalt Torrent, M. : \u201cTiempo de vida\u201d. Anagrama. Barcelona 2010. De entrada me sorprende que su autor y yo hayamos coincidido en tantas lecturas que han abonado las anteriores entregas de este bolet\u00edn: \u201cLa invenci\u00f3n de la soledad\u201d de Paul Auster, \u201cMi padre y yo\u201d de J. R. Ackerley, \u201cPatrimonio\u201d de Philip Roth, \u201cLa isla\u201d de Giani Stuparich\u2026 y el que a continuaci\u00f3n comento.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Abad, Faciolince, H.: \u201cEl olvido que seremos\u201d. Seix Barral.. Barcelona, 2007.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p><a title=\"\" href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> Naranjo, C. : Opus cit. Pag. 78<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Encuentros con lo sutil#9 Por Javier Esteban Cualquier var\u00f3n adulto que se pare a pensar y reflexionar sobre qui\u00e9n era o es su padre, qu\u00e9 sentimientos anidan en esa relaci\u00f3n, qu\u00e9 ha significado ser hijo (entonces, en la infancia, y ahora)\u2026 se ver\u00e1 seguramente desbordado por multitud de im\u00e1genes y sentimientos contradictorios. Una verdadera removida: [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[56,34,57,55],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/548"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=548"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/548\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":689,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/548\/revisions\/689"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=548"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=548"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.encuentrosconlosutil.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=548"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}