Héroes anónimos con nombre. A la memoria de Manuel Garrido Fernández.

DIARIO PARA LA ESPERANZA, viernes 30 de abril.

Por Javier Esteban

Estableceré el régimen de los enfermos de la manera que les sea más provechosa según mis facultades y a mi entender, evitando todo mal y toda injusticia.

Fragmento del juramento hipocrático.

Carmen Palma , compañera desde los inicios de nuestro ciclo y periodista del Ayuntamiento de Madrid, nos hace llegar una nota sobre un médico fallecido al que nos gustaría rendir homenaje. Un ser humano generoso dedicado a cuidarnos a los demás, un médico de familia desaparecido en el desempeño de sus funciones.

No se trata de una crónica personal, sino de un relato vivido y sentido de lo que sucede aquí y ahora. De esos relatos que no salen en los medios, a los que Unamuno llamó intrahistoria.

<< En la madrugada… 
Desde el 18 de marzo pongo velas por los muertit@s que me han ido aconteciendo. Ha sido un mes muy triste y doliente por tod@s aquell@s que se han ido sin previo aviso ni despedida.
Desde ese día, por equilibrio emocional, evito en lo posible el ruidazo de las noticias y conocer los recuentos sanitarios de mejorados, empeorados, desahuciados, ingresados e incinerados. Las curvas, los picos, las líneas y los puntos más negros.
Llevaba varios días pensando en el doctor Manuel Garrido. Mi médico de confianza. Sabía que estaba malito y había empezado a inquietarme por su prolongada ausencia del infecto centro de salud donde pasaba sus atiborradas consultas, estos días de clausura por pandemia.
Había llegado al ambulatorio de Alameda para suceder en su consulta a la doctora Alicia Caballero, otro ángel de la guarda, hace apenas dos años. Sus intensos ojos azules, su calma chicha, amabilidad, su sabiduría y agudeza médica, hacían que no te importase esperar siempre más de una hora de retraso porque, después, te ibas a casa con la tranquilidad y el convencimiento de tener el mejor de todos los médicos. No escatimaba en atención, pruebas diagnósticas y seguimiento. Tampoco dejaba ningún cabo suelto.
A mi nunca antes me había llamado ningún médico de familia a mi casa a las ocho de la tarde para preguntarme como estaba o para anticiparme un resultado. Ni siquiera recuerdo ya a los múltiples doctores de cabecera que he tenido de antes de tres años.
Por eso, hasta hoy sentía que, aunque corren tiempos inciertos, difíciles y virulentos, yo, con mi médico de cabecera estaba más que salvada. Hasta hoy, sí, porque ha sido esta tarde revuelta y gris de finales de abril cuando he sabido de su fallecimiento a causa de las complicaciones sufridas por el covid19 la semana pasada. El patatús me dura desde entonces. 
La tristeza es honda. Y me siento inmensamente vulnerable. La muerte del doctor Garrido Fernández deja a mi cuerpo y a mi corazón más huérfanos que antes. Lo lamento mucho. La rabia y el enfado que tapan el dolor también gritan imperantes. No pocas veces habíamos denunciado las condiciones insalubres, nido de bacterias, zulo sin luz ni ventilación, de ese minúsculo habitáculo donde atendía humildemente a sus pacientes. La peor, sin duda alguna, de todas las salas de consulta.
Mi espíritu de heroína justiciera me pide acudir, esta entristecida noche, a quemar el centro de salud Alameda. En su nombre. Y en el nombre de todos los médicos de atención primaria que con pasión y vocación están dando su vida sin la debida protección por la de los otr@s, por nosotr@s. Espero que este sea ya motivo suficiente para otro centro en el barrio mas nuevo.
Sé que deja dos hijos pequeños. Mi más sentido pésame a su mujer y familia. Su irreparable pérdida nos inunda de lágrimas de honor y agradecimiento. Descanse en la paz y en la luz doctor Manuel Garrido Fernández.
Hoy la vela encendida fue por usted y sus últimos consejos, el pasado 3 de marzo. Siga cuidando por favor de tod@s nosotr@s desde el Cielo alto! >>

Gracias, Carmen, por poner palabras de humanidad y agradecimiento a lo que muchos sienten con esta pérdida de un héroe anónimo y de otros muchos sin rostro. Que sirva para dignificar la labor de los sanitarios y la sanidad de todos, la sanidad pública, al servicio de las personas.